El trabajo que no figura

Hay trabajo que está presente en la vida cotidiana y que, sin embargo, no figura en ninguna parte. Está en las casas que alguien cuida, en el comercio de barrio que abre temprano, en los oficios que se resuelven con una llamada, en las obras que avanzan sin que ningún papel registre quién las levanta. Los vecinos lo conocen, lo usan y lo valoran. Lo que no existe es la constancia, el vínculo que lo haga parte de un sistema que lo proteja y lo cuente.
El esfuerzo de quien trabaja depende de cada persona; el lugar que ese esfuerzo ocupa en la comunidad se construye entre todos, a través de aquello que se decide registrar, proteger y garantizar. El registro es una de las formas más concretas de ese reconocimiento. Detrás del trámite hay un compromiso que alcanza a quien contrata y a las instituciones que lo sostienen: tomar nota del aporte, ofrecer amparo, dar un horizonte desde donde proyectar. Eso no asegura por sí solo un ingreso suficiente, y hay trabajadores registrados que no llegan a fin de mes. Pero sin registro resulta mucho más difícil reclamar que el ingreso alcance.
Cuando el reconocimiento falta, las consecuencias aparecen donde el recibo de sueldo no las muestra. Quien no sabe cuánto ni cuándo va a cobrar tiene pocas posibilidades de planificar, y quien no planifica encuentra más difícil coincidir con otros en un tiempo compartido. La experiencia de años, el oficio que se perfecciona, la trayectoria que se va armando, todo eso queda sin constancia y rara vez llega a transmitirse. El reconocimiento puede contribuir a que ese saber se acumule, se documente y encuentre condiciones para pasar de una generación a la siguiente, aunque esa continuidad también depende de la formación, de las condiciones productivas y de la organización del trabajo.
Según el INDEC, en el segundo trimestre de 2026 la informalidad laboral alcanzó al 45% de los ocupados de los 31 aglomerados urbanos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares. Es una porción enorme del trabajo que se desarrolla sin la protección que ofrece la formalidad. Y esa cifra reúne situaciones muy distintas: el asalariado que su empleador no registra, la trabajadora de casas particulares, quien se desempeña por cuenta propia, el pequeño emprendimiento que apenas sostiene su actividad. En cada caso, el reconocimiento tiene un destinatario diferente: en unos puede reclamarse a quien contrata; en otros, el problema exige respuestas que van más allá de una relación laboral individual.
Las causas también se combinan. Hay un debate legítimo sobre cuánto responde a la dificultad de una economía para incorporar a todos y cuánto a decisiones de costo, o a la evasión lisa y llana. Probablemente haya de todo, y por eso conviene desconfiar de las explicaciones únicas. La experiencia sugiere que la informalidad crece donde las unidades productivas son frágiles, donde el registro pesa más que lo que la actividad puede sostener y donde la necesidad de ingreso deja poco margen para esperar. Pero también donde alguien contrata, se beneficia del trabajo y no lo registra, y esa parte de la historia merece estar a la vista.
En el mundo del trabajo argentino hay, además, una inclinación de largo aliento a organizarse para ser reconocido. Donde el trabajo se concentra y se encuentra, esa inclinación suele traducirse en representación. Donde el registro no llega surgen otras formas, nacidas de la necesidad de ser vistos y de tener una voz propia, que sostienen con su existencia una afirmación sencilla: aquí hay trabajo. Pero esa búsqueda tiene un límite allí donde el trabajo está disperso y cada persona resuelve sola. Una parte importante de quienes trabajan sin registro no encuentra una organización que los reúna, y sigue produciendo y sosteniendo sin que nadie lo deje asentado.
Esa soledad deja una marca en el conjunto. Una sociedad se conoce a través de las experiencias que logra reconocer, y cuando una porción grande de su trabajo queda fuera del registro, pierde algo de lo que sabe sobre cómo vive y cómo se sostiene.
¿Cómo se reconoce un trabajo que todos conocen y que ningún registro menciona?
Miguel Rojas
Profesor en Ciencia Política. Diplomado en Relaciones Laborales. Trabajador, militante.
